La industria maquiladora y el sector exportador de Tijuana encendieron las alarmas ante la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para 2026. Líderes empresariales de la región binacional advirtieron que cualquier modificación en las reglas de origen o la imposición de aranceles unilaterales pondrá en riesgo más de 300 mil empleos directos y frenará la llegada de nuevas inversiones de relocalización o nearshoring.

Incertidumbre en la franja fronteriza por el futuro comercial

El sector industrial en Baja California genera un intercambio comercial diario valuado en millones de dólares con el condado de San Diego. Sin embargo, las recientes declaraciones proteccionistas desde Washington y los debates sobre el cumplimiento de los capítulos laborales y ambientales han generado un clima de profunda incertidumbre. Los corporativos transnacionales que operan en los parques industriales de Otay y El Florido exigen a los gobiernos federales de ambos países reglas claras que garanticen la continuidad de las cadenas de suministro.

Riesgo latente para las cadenas de suministro binacionales

La integración económica entre Tijuana y San Diego opera bajo un modelo de coinvención y manufactura compartida donde los insumos cruzan la línea internacional múltiples veces antes de convertirse en un producto final. Modificar los porcentajes de contenido regional exigidos por el T-MEC desestabilizaría este ecosistema. Las plantas maquiladoras tendrían dificultades técnicas para cumplir con los nuevos umbrales de proveeduría nacional, lo que incrementaría los costos operativos y restaría competitividad frente a los mercados asiáticos.

Estrategias de defensa y cabildeo binacional

Ante este escenario, asociaciones de maquiladoras, cámaras de comercio y organismos de desarrollo económico en la región fronteriza han intensificado las mesas de trabajo bilaterales. El objetivo es estructurar un frente común que presente datos duros a los negociadores comerciales sobre la interdependencia económica de ambas naciones. Se busca blindar los capítulos de comercio electrónico, propiedad intelectual y solución de controversias para evitar litigios prolongados que afecten el flujo de mercancías por las garitas de Otay y Mesa de Ytay.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en su versión modernizada como T-MEC, entró en vigor en julio de 2020 con una cláusula obligatoria de revisión conjunta cada seis años para evaluar su funcionamiento y ratificar su vigencia por un periodo adicional.

Las mesas de negociaciones preliminares iniciarán formalmente en los próximos meses, donde los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá definirán si el acuerdo se mantiene sin modificaciones mayores o si se abre la puerta a una renegociación sectorial profunda que marcará el rumbo económico de la frontera más dinámica del mundo durante la próxima década.