El perfil de una enorme embarcación rompiendo las olas frente a la costa del Pacífico llamó la atención de los habitantes de Tumaco esta semana. Se trata del buque tanque Willard J, la nave de mayor tamaño que ha arribado en la historia del puerto tumaqueño, llegada que simboliza un salto en la capacidad logística y energética de esta región del departamento de Nariño.
La embarcación arribó desde Houston, Estados Unidos, con una carga de 74.000 barriles de combustible incluyendo 41.000 barriles de gasolina y 33.000 de diésel, en una operación que las autoridades portuarias describen como un hito para la seguridad energética del suroccidente del país.
Una proyección operacional que promete resultados ambiciosos
La Sociedad Portuaria Regional Tumaco (Pacific Port) destacó que este movimiento marca el inicio de una etapa más sólida en la logística de hidrocarburos. La meta para 2026 es que al puerto entren alrededor de 1,8 millones de barriles de combustible, un volumen que promete reducir las fluctuaciones de suministro que en el pasado afectaron a comunidades desde la costa pacífica hasta zonas fronterizas con Ecuador.
El gerente general de Pacific Port, Guillermo Londoño, ha subrayado que esta estrategia de abastecimiento coloca a Tumaco como un aliado clave en la distribución nacional de combustibles, contribuyendo a que industrias, agricultores y servicios mantengan sus actividades sin interrupciones inesperadas.
Este buque no solo supera en tamaño a cualquier otro que haya entrado antes a Tumaco, sino que también es un símbolo de confianza en la infraestructura portuaria local. Con casi 170 metros de largo y aproximadamente 30 metros de ancho, el Willard J ejemplifica el tipo de operaciones que ahora puede manejar este puerto.
Impulso a la economía local y empleo
La llegada de buques de gran calado dinamiza buena parte de la actividad portuaria. Operaciones de descarga, almacenamiento y logística requieren mano de obra, desde conductores y estibadores hasta operadores especializados en sistemas de almacenamiento y descarga de combustibles. Este movimiento ha generado oportunidades de empleo y mayor actividad comercial en sectores conexos, como transporte terrestre, servicios y mantenimiento portuario, contribuyendo a dinamizar ventas y servicios en una ciudad que históricamente ha tenido limitadas alternativas económicas directas relacionadas con el comercio exterior.
Además, el fortalecimiento del puerto ha atraído inversiones en infraestructura como tanques de almacenamiento adicionales y barcazas fluviales que extienden los efectos económicos más allá de la simple importación de combustible, estimulando obras que generan trabajo local y dinamizan servicios asociados.
Abastecimiento constante, no solo cargamentos aislados
Debajo del impacto visual de una carga tan grande, lo que más resalta para los operadores y autoridades es la regularidad que puede lograrse en la cadena de suministro. Según los pronósticos, este flujo no será esporádico: se espera que lleguen cerca de 150.000 barriles mensuales, lo cual garantiza que la demanda energética local (de estaciones de combustible, transporte y sectores productivos) tenga una fuente estable y predecible.

La apuesta no se queda en las cifras del buque. La operación logística también ha contemplado obras y estructuras que potencien al puerto: desde tanques en tierra con capacidad para miles de barriles hasta barcazas que facilitan almacenamiento fluvial, todo con el objetivo de mejorar la recepción, guarda y despacho de combustibles.
Todo esto se da en un contexto donde históricamente el abastecimiento en zonas de Nariño enfrentaba desafíos por rutas terrestres complejas o condiciones climáticas adversas, que hacían más incierta la llegada de energéticos esenciales.
Mientras el viento acaricia la bahía de Tumaco y las grúas descargan el combustible del Willard J, el puerto y su gente se preparan para una etapa en la que cada llegada de barcos puede significar más estabilidad, oportunidades y desarrollo económico para toda la región.

